Genealogía: La Silla Corona

Un análisis histórico de la reconocida Silla Corona nos demuestra como su diseño se ha integrado en el imaginario colectivo Mexicano.

Este artículo se publicó en la versión impresa de Domus México 01, Junio/Julio 2012.

Muchos de los objetos que utilizamos en nuestras actividades diarias se integran de tal forma a nuestro entorno que se vuelven casi imperceptibles. Es difícil tomarse el tiempo para analizarlos según lo que nos ofrecen o permiten como usuarios. Pensemos en el asiento como un ejemplo de las herramientas más utilizadas en nuestra cotidianidad. Muchos de nosotros —trabajadores urbanos— pasamos alrededor de ocho horas de nuestro día acomodados (o incomodados) en una silla.

Cada uno de los ejemplos paradigmáticos de diseño de asiento han servido a una finalidad distinta, ocupando su lugar en los anales de la historia del diseño industrial dependiendo de sus aportes a la disciplina: sillas para la estancia o para el comedor; asientos pensados para un mejor desempeño en el trabajo o piezas de lujo que expresan conceptos o valores que las hacen ricas en significados. Existen también otro tipo de sillas, que de manera mucho más sencilla ocupan dignamente su lugar en relación a los asientos más complejos. A veces es por sus cualidades prácticas y económicas que los objetos se vuelven sumamente populares. La utilización masiva de un objeto lo reviste de diversas lecturas y termina por darle un valor universal: lo convierte en un clásico.

Principal: Fig. 7 Interior de la Industria Mueblera Guismo en dónde vemos una Silla Tradicional en proceso de producción todavía sin pintar, solamente galvanizada. Foto por Regina Pozo; Arriba: Fig. 1 Silla Corona. Foto: Adam Wiseman para Archivo Diseño y Arquitectura.
Principal: Fig. 7 Interior de la Industria Mueblera Guismo en dónde vemos una Silla Tradicional en proceso de producción todavía sin pintar, solamente galvanizada. Foto por Regina Pozo; Arriba: Fig. 1 Silla Corona. Foto: Adam Wiseman para Archivo Diseño y Arquitectura.
La silla plegable es una de las tipologías de asiento más prácticas generadas a lo largo de la historia. Es compacta, fácil de transportar y almacenar; su diseño flexible ha contribuido a que se convierta en el asiento preferido para los espacios que necesitan versatilidad a la hora de acomodar a sus públicos. Es por eso que la silla plegable se encuentra en salas de conciertos, escuelas, bibliotecas y eventos sociales diversos. En estos lugares es donde comúnmente encontramos el tipo de silla plegable de la que trata este texto: unas ínfimas sillas de lata (o aluminio en su mejor caso) que responden al nombre de "Sillas Corona".

La Silla Corona es un icono del diseño popular mexicano. Es verdad que ha sido rescatada por las modas actuales, pero eso sólo le ha dado más valor, elevándola al nivel de objeto de culto, dado que su producción tampoco ha cesado, incluso después de seis décadas de haber sido introducida a nuestro país. La Silla Corona no es el único icono mexicano que se vale de la adaptación de diseños previos (y extranjeros) como estrategia para ser resuelto. Este texto identifica dicha problemática y trata de rastrear estos aportes. Es curioso pensar en cómo un diseño que no es 100% mexicano nos ayuda a reconocernos como tales.

Fig. 1 Silla Corona. Foto: Adam Wiseman para Archivo Diseño y Arquitectura.
Fig. 1 Silla Corona. Foto: Adam Wiseman para Archivo Diseño y Arquitectura.
En el análisis histórico de dicha tipología The Illustrated History of folding chairs , Birgit Lohmann – editora de Designboom – establece que las sillas plegables modernas más completas se crearon en periodos de debate social y avances tecnológicos. Menciona la época de Thonet e inmediatamente salta a la Bauhaus, pero ignora por completo al constructivismo ruso, vanguardia que, partiendo de su idealismo racional para dar cuerpo a las manifestaciones de diseño y arte, generó los primeros modelos de silla plegable de los que tenemos noticia en el siglo XX. El constructivismo redefinió la forma a través de la estética y su función en relación con la nueva civilización industrial que se gestaba en la época, tratando de modificar el gusto general para establecer una nueva cultura nacional.

Muchos de los prototipos de diseño constructivista resultaron ser mobiliarios plegables que cumplían con uno de los principios del movimiento: máximo de utilidad. Debido a que el diseño era entendido como un vehículo de adoctrinamiento de las masas, los ejemplares de esta época cargan con formas e intenciones democratizadoras. Podemos entender y justificar la inclusión de la silla plegable en ese repertorio de soluciones, como una silla altamente democrática que pretendía hacer consciente al usuario de su lugar en la organización de clases.

Lo acertado de estos artículos promocionales es que trascendieron su condición de producto para insertarse en el imaginario colectivo y convertirse en una variable más que se suma al conglomerado de signos que comprenden nuestra identidad.
Izq. Fig. 2 Boris Semlianzizin, Silla plegable hecha en madera y metal la cual fue parte de una comisión para la cabina de un capitán, 1928. Dibujo de Andrea Ortega. Der. Fig 3 La influencia del constructivismo ruso de El Lissitsky es evidente en este ejemplar de silla plegable fechado en 1930. Dibujo de Andrea Ortega.
Izq. Fig. 2 Boris Semlianzizin, Silla plegable hecha en madera y metal la cual fue parte de una comisión para la cabina de un capitán, 1928. Dibujo de Andrea Ortega. Der. Fig 3 La influencia del constructivismo ruso de El Lissitsky es evidente en este ejemplar de silla plegable fechado en 1930. Dibujo de Andrea Ortega.
A principios de los veinte, uno de los directores de la escuela de arte Vkhutemas (Talleres de Enseñanza Superior del Arte y de la Técnica) y una de las figuras más influyentes del constructivismo ruso, El Lissitsky, tuvo una larga estancia en la Bauhaus, extendiendo la influencia del constructivismo por Alemania, como se observa en la sillas fechadas en (Fig.1) 1928 y la (Fig.2) en 1930. Aquí podemos establecer el nexo con el pariente moderno de la Silla Corona. La estructura de soporte de la silla es igual a la del ejemplar ruso, con leves modificaciones sobre el sistema plegable que la convierten en un modelo más cercano a las técnicas de producción industriales, intercambiando el metal y la madera por acero tubular, un material muy socorrido en la escuela de Dessau por su carácter industrial. Posteriormente, este diseño estudiantil afinó el sistema plegable para hacerlo menos endeble. Se eliminó un pivote plegable al esconderlo en la estructura continua de las patas, alcanzando mayor economía en el diseño mientras que las nuevas soleras resuelven un mejor soporte para el asiento. También se modifica la angularidad del triángulo al colocar las uniones de las patas traseras más arriba en el respaldo, lo que le da mayor estabilidad a la estructura. Finalmente, vemos que se elimina el descanso para pies del ejemplar ruso, sustituyendo la fuerza del descanso con unas gomas de hule en las patas.

Estados Unidos, uno de los protagonistas de la formalización del diseño industrial como disciplina, entra en nuestro mapa a partir de la década de los cuarenta. La empresa norteamericana Samson se fundó a principios del siglo XX como un taller especializado en la elaboración de maletines que se caracterizaban por la resistencia y durabilidad de sus productos. En los treinta, Samson comienza a fabricar objetos de metal para diversificar su mercado. En los años de la posguerra, Samson fabricaba ya muebles plegables de metal, con considerable éxito en términos comerciales. Fue entonces que Samsonite (renombrada así en 1965) se convirtió en "dueño" de esta tipología en Estados Unidos, literalmente estampando — como Corona en México — su marca en la silla.

En los 1930s, Samson comienza a fabricar objetos de metal para diversificar su mercado. En los años dela posguerra, Samson fabricaba ya muebles plegables de metal, con considerable éxito en términos comerciales. Imagen cortesía Archivo Diseño y Arquitectura.
En los 1930s, Samson comienza a fabricar objetos de metal para diversificar su mercado. En los años dela posguerra, Samson fabricaba ya muebles plegables de metal, con considerable éxito en términos comerciales. Imagen cortesía Archivo Diseño y Arquitectura.
A partir de este modelo específico (1970) (Fig. 4) se desprende la variable mexicana más diseminada de la Silla Corona en el centro del país (Fig. 1). Fabricada actualmente en la Ciudad de México por Industria Mueblera Guismo S.A. de C.V., esta variable presenta su sistema plegable por arriba del asiento, adaptando soleras que sostienen los ángulos del asiento y las patas, dejando la labor de plegar sus partes a las dos bisagras que sostienen las patas. Las patas traseras también se transforman, con un sólo tubo doblado que se convierte en receptáculo del peso y funciona como base del triángulo planteado por la estructura, economizando en piezas y por lo tanto en material. Guismo ha manufacturado la silla, sin cambios, por más de 33 años.

La segunda se convierte ya en una Silla Corona lista para exportación. La tercer Silla Corona es la versión más pequeña y económica de Guismo a la cual le llaman "Silla Palenquera". Nótese el acanalado en el asiento que no tiene la versión Palenquera.

Fig. 5 Silla Corona, modelo atribuído a Prometalic S.A. de C.V. Diagrama hecho por Andrea Ortega.
Fig. 5 Silla Corona, modelo atribuído a Prometalic S.A. de C.V. Diagrama hecho por Andrea Ortega.
A partir de una patente (1968) (Fig. 6) se desprende el segundo modelo icónico de Samsonite. La solución utilizada en este segundo ejemplar patentado por Tim Minoru Uyeda para la fábrica, no es la más popular, pero sí la más económica en su proceso de producción y forma. A diferencia de la Silla Corona, esta patente presenta un asiento y respaldo de plástico, pero en términos de estructura es el diseño más cercano del que se desprende la reducción que es a mí parecer la más afortunada de todos los modelos disponibles de la Silla Corona. A diferencia de los ejemplares que hemos revisado con anterioridad, vemos que en ambos casos (Fig. 7/ Fig. 1) éstas se resuelven con el pivote en forma de "X" debajo del asiento. Este último modelo mostrado en la Fig. 1 hereda el sistema plegable de la solución propuesta por Uyeda pero mantiene el asiento y respaldo de lámina como lo tiene el Modelo Tradicional de Guismo visto en la Fig. 7. Como visto en la Fig. 5, esta es evidentemente más resistente, más económica y está mejor resuelta en términos de escala y proporción, solución estructural, utilización de recursos y sistema plegable. Elimina las soleras para integrar el mismo sistema plegable de la debajo del asiento como visto en la Fig 7. Al requerir menos piezas, la forma se vuelve más limpia. Esta última versión la fabrica Prometalic SA de CV, compañía que es la responsable de la producción del mejor modelo disponible en el mercado mexicano hoy en día.

Marcando Territorio
Podemos establecer el inicio de la producción de la silla plegable en México en la administración de Miguel Alemán (1946-1952), pero es hasta principios de los años sesenta que La Corona comenzó a utilizar esta silla como vehículo publicitario. La Cervecería Corona fundó el 8 de Septiembre de 1949 un espacio de diversiones para y espectáculos acondicionado para albergar cerca de 50,000 asistentes, incluyendo trabajadores de la planta y sus invitados. El Jardín Corona, ubicado a un costado del Sanatorio Español, se convirtió en un espacio en donde patrocinadores como la radio y la televisión realizaban programaciones con las estrellas de la época en las concurridas verbenas populares.

Aunado al Jardín Corona, la empresa ideó estrategias publicitarias que se dedicaron a generar nuevas y atractivas presentaciones para el consumidor. Poco a poco esto los llevó a refinar sus técnicas publicitarias para poder introducirse en otros campos de interés, como los eventos deportivos.

La Silla Corona nace como resultado de una práctica publicitaria novedosa para la época, la cual no sólo estuvo destinada a estar impresa en papel o ser escuchada en la radio. La puesta en práctica de dicha estrategia afectó directamente el espacio público al utilizar al mobiliario como portador de la marca, lo que afectó el uso y costumbre de su consumidor. Lo acertado de estos "artículos promocionales" es que trascendieron su condición de producto para insertarse en el imaginario colectivo y convertirse en una variable más que se suma al conglomerado de signos que comprenden nuestra identidad.

La Silla Corona es a la vez un indicador de cultura y un posibilitador de la misma, aunque en este caso no nos enfoquemos en la esfera de lo popular. Este recorrido por distintos momentos clave de la historia industrial trata de evidenciar cómo la silla se convierte en un depósito de ideologías y conceptos. Esta genealogía traza también los puntos de contacto entre épocas que evidencian continuidades y préstamos que el diseño de la silla sufre para irse afinando con los años, a través de las innovaciones de diseñadores e ingenieros. Es un ejercicio que nos permite ahondar en un objeto de diseño clave, que arroja respuestas profundas acerca de cómo cohabitamos con objetos que definen también nuestra identidad. Regina Pozo (@reginapuma )
Este artículo es una versión abreviada de la conferencia presntada en el Centro de Investigaciones de Diseño Industrial (CIDI) de la UNAM el 19 de octubre de 2011 y publicado en Archivo impreso 01,publicación de Archivo Diseño y Arquitectura.

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