Pierre Huyghe: El día del ojo

Con una sutil aproximación que entreteje experiencia personal y contexto, una exposición de Pierre Huyghe en el patio escultórico del recientemente reinaugurado Museo Tamayo hace visibles los discretos nexos entre fenómenos naturales y culturales.

Como en gran parte de su obra reciente, Pierre Huyghe conecta una serie de fenómenos naturales y culturales a diferentes niveles en su más reciente exposición El día del ojo, una obra tripartita en el Museo Tamayo en la ciudad de México. El día del ojo está compuesta por una escultura integrada en la arquitectura del museo —la cual toma la forma de una piscina habitada por peces ciegos y piedras volcánicas flotantes—, una serie de esculturas tomadas de la colección del Museo Tamayo y del de Arte Prehispánico de Oaxaca y una publicación.

Las diferentes referencias que articulan todos los elementos de este trabajo van en contracorriente con una clasificación antropocéntrica o jerarquizada de la información. Fenómenos naturales y culturales que permanecen invisibles cobran particular relevancia. Su condición subterránea, inaccesible, mítica o ignorada, es quizá lo que genera la posibilidad de colapsar una clasificación inútil entre realidad y fantasía que, en este caso, son igualmente significativas en el proceso de conocimiento y creación del mundo. Pero este estado de suspensión de la categorización no significa que no haya una materialidad que le es propia y que organiza los diferentes elementos del proyecto. El mundo subterráneo al que los hombres y las mujeres han tenido relativamente poco acceso —pero que ha nutrido narrativas literarias, científicas, religiosas y de ciencia ficción— provee varios elementos materiales y conceptuales para empezar a entender este trabajo. Por ejemplo, su profundidad no es, desde mi punto de vista, análoga a una idea de prepotencia ontológica o espiritual, sino más bien acompaña una sensación visceral de ceguera voluntaria para acceder a otras formas de conocimiento del mundo material.

Principal: Pez ciego, Pierre Huyghe, El día del ojo, Museo Tamayo, Ciudad de México. Foto: Cortesía Museo Tamayo; Arriba: Escultura acuática, Pierre Huyghe, El día del ojo, Museo Tamayo, Ciudad de México. Foto: Melissa Dubbin

La escultura acuática, presentada en el reconocido patio de esculturas del Museo Tamayo, es un develamiento invertido en el que primero se crea la situación a visibilizar para después cubrirla. Suspenderla de nuevo en su invisibilidad y ambigua existencia material más allá de la duración de la exposición marcada por consideraciones institucionales. Con una profundidad indeterminada, la sensación de hueco infinito poblado de vida reproduce la experiencia de incertidumbre de lanzarse en un cenote—una de las referencias citadas por Huyghe. Los peces ciegos que la habitan —y que, de nuevo, son habitantes de los cenotes de Yucatán— evocan una contradicción entre la relativa utilidad de la visión en ciertas condiciones de supervivencia (estos peces perdieron los ojos al adaptarse a un mundo sin luz) y la propia experiencia de observación del ser cultural, que en el caso de esta obra, es desdoblada varias veces.

Instalación de escultura acuática, Pierre Huyghe, El día del ojo, Museo Tamayo, Ciudad de México. Foto: Sergio Heredia, Curaduría Digital, Museo Tamayo

Cuatro experiencias personales de Huyghe en México fueron dándole forma a El día del ojo. Un viaje en 2010 a los ya mencionados cenotes de Yucatán, el cual también incluyó alguna visita a la excavación del Templo Mayor en el centro de la ciudad de México y al cárcamo de Chapultepec, es sin duda una referencia. A esto se le suma la primer visita de Huyghe a México en 1987, cuando asiste al Museo Tamayo y filma con una cámara súper 8 la exposición de esculturas en el patio interior, en donde algunos visitantes son capturados en el acto de observación. Otro viaje de Huyghe en 2009 es importante, el cual consistió en una expedición a las Minas de Naica en Chihuahua, las cuales proveen un escenario que a pesar de ser casi sublime (en el sentido más kantiano), nos parece casi familiar, como lo afirma la curadora del proyecto Sofía Hernández Chong Cuy. "Espacios cristalinos ficticios [la escenografía de Superman de 1978 o las ilustraciones del Viaje al Centro de la Tierra de Verne] hoy se materializan con el reciente descubrimiento de los monumentales cristales de selenita dentro de las cuevas de Naica…", dice Sofía. Esta materialización que preexiste a la imagen cinematográfica o literaria, pero que se hace visible a los humanos después, ejemplifica perfectamente este desdoblamiento complejo del acto de ver y conocer que El día del ojo despliega.

El mundo subterráneo al que hombres y mujeres han tenido relativamente poco acceso —pero que ha nutrido narrativas literarias, científicas, religiosas y de ciencia ficción— provee varios elementos materiales y conceptuales para empezar a entender este trabajo.
Escultura acuática, Pierre Huyghe, El día del ojo, Museo Tamayo, Ciudad de México. Foto: Sergio Heredia, Curaduría Digital, Museo Tamayo

Las esculturas dispuestas hoy en el Tamayo bajo una lógica particular que toma en cuenta la entrada de luz al museo a determinadas horas del día y su efecto de iluminación en el espacio de esculturas y en el cenote artificial, articulando de nuevo una vinculación entre fenómenos naturales y culturales, no reproducen la exposición presenciada por el artista en 1987, sino que reiteran la observación de una observación recordada. Una imagen que no cumple una función documental, sino que hace evidente la multiplicidad de testigos en una articulación espacio-temporal no lineal. La selección de esculturas, de las cuales no se provee fechas, anula clasificaciones historicistas o consideraciones estilísticas, sin borrar la singularidad de cada pieza, re-actualizando su vigencia dentro de este nuevo arreglo.

Por último, la publicación da cuenta de estas diferentes referencias variadas. Mostrando rituales de entrada en este mundo subterráneo al que El día del ojo alude, pero sin convertirse en lo más mínimo en una herramienta explicativa o didáctica que aplane los diferentes niveles de lectura del trabajo.

Esculturas de la colección del Museo Tamayo y del de Arte Prehispánico de Oaxaca, Pierre Huyghe, El día del ojo, Museo Tamayo, Ciudad de México. Foto: Sergio Heredia, Curaduría Digital, Museo Tamayo

El día del ojo podría entrar en dos categorías comunes, pero también minadas, del arte contemporáneo: la de site-specific y la de participación. Sin embargo, la forma en la que opera en ambos casos va mucho más allá de las definiciones simplistas de estos términos. Su especificidad respecto al contexto en el que se inscribe consiste en el entretejimiento de la experiencia personal, la materialidad del edificio, su historia y su carácter institucional. El día del ojo no es simplemente una intervención en la arquitectura, una lectura de una colección o un recuento de anécdotas, sino un ejercicio en el que estos elementos se fortalecen al articularse entre sí con una elocuencia no narrativa. Por otro lado, la noción de participación a partir de la reflexión sobre el acto de ver, ser observado, develar y tapar, tiene, desde mi perspectiva, un potencial infinito que rebasa la simple activación de la obra por parte del espectador para hacerlo partícipe en esta celebración [1]. Catalina Lozano (@catalinalozanom)

Notas
[1] Sobre su exposición Celebration Park, Huyghe afirmó en art21: "lo que quiero decir con celebración es que es algo en lo que se participa […]. Cuando celebras, no estás observando fuera del mundo, sino que estás participando de él". Entrevista completa (en inglés) en art21.

Sofía Hernández Chong Cuy y Pierre Huyghe en El día del ojo, Museo Tamayo, Ciudad de México. Foto: Melissa Dubbin
Esculturas de la colección del Museo Tamayo y del de Arte Prehispánico de Oaxaca, Pierre Huyghe, El día del ojo, Museo Tamayo, Ciudad de México. Foto: Sergio Heredia, Curaduría Digital, Museo Tamayo
Vista del patio escultórico, Pierre Huyghe, El día del ojo, Museo Tamayo, Ciudad de México. Foto: Sergio Heredia, Curaduría Digital, Museo Tamayo
Esculturas de la colección del Museo Tamayo y del de Arte Prehispánico de Oaxaca, Pierre Huyghe, El día del ojo, Museo Tamayo, Ciudad de México. Foto: Sergio Heredia, Curaduría Digital, Museo Tamayo