Nouvel-Alaia: Las bodas de Figaro

Las escenografías de Jean Nouvel y los disfraces de Azzedine Alaïa ofrecieron al público de la Walt Disney Concert Hall una versión no convencional y contemporanea de un clásico del Setecientos.

En el estreno de Las bodas de Fígaro en el  Walt Disney Concert Hall de Los Angeles, Cupido tal vez sonreía torvamente por la ambigua reconciliación de los enamorados sobre el escenario, pero yo sonreía por el azar de mi destino teatral: estaba sentada justo detrás de l Jean Nouvel y Azzedine Alaïa. Aunque curiosa, su presencia no era del todo inesperada, porque ambos venían a controlar su trabajo: la ópera tenía la escenografía de Nouvel y el vestuario de Alaïa.

No pude ver bien la expresión del rostro de Nouvel pero seguro que debió de oir, como yo, a la señora que desde alguna fila de atrás, lanzaba exclamaciones de éxtasis cada vez que el escenario experimentaba un cambio espectacular, con la excelente ayuda de la luminotecnia de la empresa Aaron Black.

Nouvel's Marriage of Figaro
L.A. Philharmonic, Las bodas de Fígaro, performance en la Walt Disney Concert Hall, con escenografías de Jean Nouvel disfraces de Azzedine Alaïa. Photo Mathew Imaging

Y por primera vez en mi vida, mi rudimentario francés se mostró útil, al escuchar las alabanzas de algunos admiradores de Alaïa acerca de la elegancia al conciliar “actualidad y tradición”, que el estilista había adoptado para el vestuario. O, en el caso de un Fígaro en ocasiones sin camisa y con el torso hermosamente desnudo, a propósito de su ausencia. En cualquier caso estaba claro que el público apreciaba esta versión anticonvencional y contemporánea de un clásico del siglo XVIII: la vieja historia de siempre de dos jóvenes enamorados y de la chica que defiende su virginidad del lujurioso chantaje del Conde.

El insólito y divertido montaje de Las bodas, con dirección de Christopher Alden, ha realizado cuatro funciones del 17 al 25 de mayo, y es la segunda prueba de la trilogía de Mozart y Da Ponte presentada por la Filarmónica de Los Angeles, que propone para la escenografía y el diseño de vestuario a arquitectos modernos de nivel internacional y a grandes diseñadores de moda. El año pasado el Don Giovanni vio la combinación de Frank Gehry con la casa de moda Rodarte de Los Angeles. Y el próximo año vendrá el equipo formado por Zaha Hadid y Hussein Chalayan, en los que personalmente tengo grandes expectativas. Si tengo suerte también me sentaré detrás de ellos, y Zaha y Hussein intercambiarán comentarios del estilo de Beavis y Butt-head durante todo el espectáculo. Una chica tiene el derecho a soñar (cosas de hadas)… Enfín, bromas aparte, las reacciones del público dicen mucho de un montaje y de sus implicaciones.

Nouvel's Marriage of Figaro
L.A. Philharmonic, Las bodas de Fígaro, performance en la Walt Disney Concert Hall, con escenografías de Jean Nouvel disfraces de Azzedine Alaïa. Photo Mathew Imaging

El año pasado, por ejemplo, esuché a una anciana gruñona proclamar que la escenografía minimalista de Frank Gehry “no le iba”: una avalancha de papel blanco y negro que creaba un fondo sobrenatural, en el que los personajes flotaban, separada de todo contexto específico pero de gran eficacia alegórica. No estoy de acuerdo en juzgar como decepcionante la escenografía de Gehry (encontré el montaje interesante y significativo desde el punto de vista visual) pero la valoración de aquella señora se refería al carácter absolutamente ‘vanguardista’, esotérico, del estilo adoptado por Gehry, que no concedía al espectador notas al margen para facilitar su comprensión.

Disculpad si comparo la escenografía de Gehry con la de Nouvel (algo relativamente irrelevante, aunque bastante divertido), pero la escenografía de Nouvel, aunque muy innovadora y audaz, es mucho más literal en sus abstracciones. En los dos primeros actos de Las bodas, por ejemplo, se ve a la izquierda del escenario una cabina-colgador que, en realidad funciona como un armario en el que se esconden diversos personajes, elaboran planes y meditan el intercambio de trajes masculinos y femeninos. Y luego, la cabina llena de hermosos trajes a la vista también es símbolo de la inutilidad de tratar de ocultar los ‘esqueletos en el armario’ (¡los vemos todos, señor mío!) y de la inevitabilidad de tener que lavar los propios trapos sucios en público durante el cuarto acto. Que los espectadores contengan la respiración a pesar de saber qué va a suceder es un hecho inherente a la ilusión teatral.

Nouvel's Marriage of Figaro
L.A. Philharmonic, Las bodas de Fígaro, performance en la Walt Disney Concert Hall, con escenografías de Jean Nouvel disfraces de Azzedine Alaïa. Photo Mathew Imaging

Y la escenografía de Nouvel es un homenaje a esta habilidad para distraer la atención de lo que se ve y hacer ver lo que en realidad no está: lo que vale para el espectador como para cualquier celoso, granuja, despreciable o astuto personaje de Las bodas. Nouvel permite al público ‘entender’ Las bodas incluso sin subtítulos, ligando la trama a la escenografía y la escenografía a las características formales de la ópera bufa.

Tal vez el ingrediente más esencial del proyecto escenográfico de Nouvel es la gran escalinata que se abre como un abanico coloreado sobre el escenario. Tiene en lo alto una butaca de terciopelo, de vez en cuando ocupada por personajes en distintas posiciones de poder. Al comienzo, el excitadísimo Conde (perfectamente vestido con ricos y desagradables trajes sport) está sentado con las piernas abiertas agarrado a los apoyabrazos, observando desde lo alto las personas que busca para utilizar y engañar, con signos de aburrimiento y desprecio. Más tarde, en la butaca se tiende lánguidamente, la coqueta Barbarina, prima de la atractiva y virgen esposa Susanna, no ajena al lecho de varios personajes principales (incluido el Conde).

La escalinata es un attrezzo coherente e inteligente, frecuente en los frenéticos cuadros escénicos de Alden: como cuando el Conde se postra ante Susanna, rogándole que le permita, por una sola vez, hacerla suya. A pesar de postrarse, lo hace bastantes ‘escalones’ por encima de ella, reafirmando su posición de privilegio en la pirámide del poder.

 

Nouvel's Marriage of Figaro
L.A. Philharmonic, Las bodas de Fígaro, performance en la Walt Disney Concert Hall, con escenografías de Jean Nouvel disfraces de Azzedine Alaïa. Photo Mathew Imaging

Como saben todas las chicas que acuden a escuelas de danza, una larga escalinata es la pasarela perfecta para mostrar la torpeza o desenvoltura con la que nos movemos por la vida. El Conde desciende por la escalera como si fuera suya (porque todo es suyo, amiga mía). La Condesa la usa como apoyo para su cuerpo doliente y ricamente vestido, mientras lamenta las infidelidades del marido. En otros casos, los escalones sirven de bancos o de separaciones, hasta el punto de que los personajes no solo saltan, brincan y se arrastran por el escenario, sino también por encima de él, interactuando recíprocamente con el público en una dimensión más plena, ‘flotando’ el uno sobre el otro en diversas formas de suspensión: de confianza, de tiempo y de control.

En este escenario efímero Nouvel integra aquel permanente de Frank Gehry, es decir el propio Walt Disney Concert Hall. El célebre órgano que corona la ‘nave’ parece una decoración natural que corona la instalación de Nouvel. Nouvel aprovecha mucho el proyecto luminotécnico de Black para obtener este efecto de continuidad, difuminando el contraste entre los diversos elementos de la escenografía, en una cascada de majestuosos tonos rojo oscuro. La transición entre los escalones y la superficie del escenario también es indefinida, haciendo que a ratos los personajes parezcan levitar.

Nouvel's Marriage of Figaro
L.A. Philharmonic, Las bodas de Fígaro, performance en la Walt Disney Concert Hall, con escenografías de Jean Nouvel disfraces de Azzedine Alaïa. Photo Mathew Imaging

El escenario se hace cada vez más surrealista e intencionadamente desconcertante, a medida que la trama se desarrolla, las ‘aventuras’ se vuelven más complicadas y los personajes se persiguen para engañarse, descubrir y descubrirse unos a otros. Las manchas geométricas de colores brillantes, los árboles escultóricos y el juego de las sombras y las ráfagas de luz permiten articular la gama de sentimientos que se suceden sobre el escenario en esas frenéticas escenas.

Colocando correctamente la orquesta en el foso bajo el escenario, Nouvel ha proporcionado a Alden una gran ocasión para jugar con trucos y divertirse. En algunos momentos los personajes utilizan a los músicos como pantalla o para mimetizarse. Un personaje sale del foso con un instrumento en la mano, otro le ofrece un cigarrillo al director de orquesta Gustavo Dudamel (para delicia de los espectadores). En conjunto, estos memorables gag son un poco como el memorable proyecto escenográfico de Nouvel: aún tomando desde la modernidad, intencionada distancia respecto al guión, no chocan con la trama clásica y crean una atmósfera espectacular y agradablemente reflexiva. Katya Tylevich

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