El valor de lo infraordinario

En la instalación Phantom. Mies as Rendered Society, Andrés Jaque y su Oficina de Innovación Política hacen visible lo oculto, exponiendo la cotidianidad que le da vida al impecable Pabellón Mies van der Rohe.

Cuando pensamos en el Pabellón Mies van der Rohe, nos vienen muchas imágenes a la cabeza: un pabellón modesto, comparado con las grandes infraestructuras construidas para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 . Un diseño sencillo pero con mucha fuerza arquitectónica, lleno de reflejos y transparencias, con pilares metálicos en forma de cruz. Recordamos términos como "minimalismo", "planta libre" o "continuidad espacial", pero difícilmente pensamos en cómo se limpia, en donde se guardan los materiales de acopio y previsión para sustituir piezas o quién alimenta a los gatos que suelen recorrerlo día y noche. El arquitecto Andrés Jaque y su Oficina de Innovación Política han querido dar visibilidad a todas estas capas escondidas, casi imperceptibles, pero esenciales para que un edificio como este se mantenga en actividad. El pabellón fue reconstruido con los trabajos que se iniciaron en 1983 y el nuevo edificio se inauguró en 1986 en su localización original; Ignasi de Solà-Morales, Cristian Cirici y Fernando Ramos fueron los arquitectos designados para la investigación, el diseño y la dirección de la reconstrucción del Pabellón.

En el texto de presentación, Jaque hace referencia al libro The Phantom Public de Walter Lipman, en el que el autor afirma que el público existe sólo como una ilusión, mito, e inevitablemente un fantasma. El Pabellón Mies van der Rohe se nos muestra ahora lleno de fantasmas. Cada uno de los objetos que Jaque ha rescatado del sótano del edificio, intenta darle visibilidad a un trabajo de años, realizado por personas invisibles a los turistas o a los grandes eventos de la Fundación Mies; nos habla de nuevas historias que hasta ahora habían permanecido encerradas en un sótano. Aparentemente, podría parecer una instalación superficial o sin mucho sentido, un intento de politizar lo impolitizable o un exceso de alarde de la "desobediencia " en la que Jaque enfatiza su trabajo desde hace un tiempo. Pero también podemos ver que esa acumulación de objetos obsoletos, y la exploración de los límites entre arquitectura y arte que menciona Miquel Adrià en su nota de la instalación , dan como resultado una historia coherente. Lo presentado en el pabellón, es un trabajo casi arqueológico que descubre piezas dignas de un gabinete de curiosidades, y que muestra al público un tejido de relaciones y actividades que en la cotidianidad del visitante al pabellón quedan ocultas tras una arquitectura canónica y universalmente conocida. En este sentido, es clara la referencia al film Koolhaas Houselife , en el que Ila Bêka y Louise Lemoîne nos muestran un recorrido por la casa de Burdeos a través de las vivencias de Guadalupe Acedo, la empleada del hogar, resaltando espacios usualmente invisibles en los reportajes arquitectónicos tradicionales.
Principal y arriba: Andrés Jaque, <em>Phantom. Mies as Rendered Society</em>, Pabellón Mies van der Rohe, Barcelona. Foto: Miguel de Guzmán
Principal y arriba: Andrés Jaque, Phantom. Mies as Rendered Society , Pabellón Mies van der Rohe, Barcelona. Foto: Miguel de Guzmán
De las varias intervenciones que han tenido lugar en el pabellón, desde Muntadas a SANAA, pasando por Ai Wei Wei, quizá la gran diferencia de esta es que no es una obra para ver, más bien es una obra para escuchar atentamente, porque cuenta una historia, o muchas historias. La obra se puede recorrer como si uno fuese un flâneur [a pequeña escala], vagando sin rumbo por los más de 1000m2 y dejarse sorprender por las impresiones de los materiales y objetos que se van encontrando: unas cortinas dañadas por el sol, materiales de limpieza, máquinas, cubos de fregar, escaleras, rótulos dañados, recipientes para alimentar a los gatos o restos de los pilares originales en forma de cruz y envejecidos en manos del óxido. De la misma forma en que Georges Perec escribió Lo Infraordinario como una forma de "interrogar lo habitual" y mostrarnos el valor de los pequeños acontecimientos y mínimas situaciones, Andrés Jaque nos hace reflexionar acerca de la arquitectura y la sociedad a través de situaciones y objetos micro ordinarios, que quizá hace tiempo habían dejado de sorprendernos.
Andrés Jaque, <em>Phantom. Mies as Rendered Society</em>, Pabellón Mies van der Rohe, Barcelona
Andrés Jaque, Phantom. Mies as Rendered Society , Pabellón Mies van der Rohe, Barcelona
Si Lippmann apunta que el público es un "mero fantasma", una abstracción que depende de un "concepto místico de la sociedad"; la intervención Phantom podría ser la mise-en-scène que revela un contrapunto a estas ideas, ya que ese concepto místico de sociedad se ve trastocado por muchos actores que van apareciendo paulatinamente. De repente, la imagen de Mies van der Rohe pasa a segundo plano y lo que tenemos ante nuestros ojos es la sociedad, tal cual, sin misticismo. Son las personas que limpian los estanques de agua, la pareja que invade el pabellón y duerme junto a su perro antes de ser desalojada, o los vecinos que se acercan cada noche a alimentar a los gatos que deambulan por el pabellón. Pese a la prohibición para los visitantes de sentarse en las famosas "Silla Barcelona", un acopio de cojines dañados y desgastados, muestran que la gente es desobediente más allá de los muros de IKEA!
De repente, la imagen de Mies van der Rohe pasa a segundo plano y lo que tenemos ante nuestros ojos es la sociedad, tal cual, sin misticismo.
Andrés Jaque, <em>Phantom. Mies as Rendered Society</em>, Pabellón Mies van der Rohe, Barcelona
Andrés Jaque, Phantom. Mies as Rendered Society , Pabellón Mies van der Rohe, Barcelona
Una –entre muchas– de las reflexiones que queda después de visitar el pabellón se basa en la dificultad que a veces tenemos los arquitectos para comunicar esta diversidad de conceptos. Al leer el enunciado de la intervención, da la sensación de que se hace un uso excesivo de terminología política que se pierde en frases hechas y que alejan al visitante del mensaje claro y contundente, inherente en cada momento de la intervención. Un mensaje que no tiene necesidad de ser grandilocuente para volverse importante y que se logra comunicar con sencillez al ir descubriendo cada objeto, cada historia oculta: la sociedad la conformamos todos, y las tramas de estas relaciones sociales son las que dan sentido a la arquitectura. Josep Quetlas escribió en el libro El Horror Cristalizado que «En la obra están custodiados y abiertos la biografía, la época y el curso general de la historia. Custodiados, abiertos y a la espera... ¿de quién?» . Nosotros podríamos añadir, a la espera de alguien que los saque del sótano y les de un lugar visible y digno por unos días. Ethel Baraona Pohl (@ethel_baraona )

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