Historias de ultratumba

Tras el cierre del concurso internacional Pabellón Archivo en la Ciudad de México, les presentamos una investigación sobre la segunda vida de los pabellones de la Serpentine Gallery.

"Pero, ¿se van a llevar todo?" "Si, todo," contesta Sophie O'Brien, comisaria de la Serpentine Gallery, mientras tomamos asiento dentro del pabellón diseñado por Herzog & de Meuron y Ai Weiwei. Estamos a finales de junio y el agua de la cubierta refleja un cielo londinense sorprendentemente despejado. Sophie responde las preguntas, pero su mirada está pendiente del grupo que se nos acerca: Julia Peyton-Jones, Hans-Ulrich Obrist —directores de la galería— y Kazuyo Sejima. "Son unos días muy intensos," murmura.

Han pasado cuatro meses desde entonces, y pronto, en Kensington Gardens, no quedará rastro del último de los pabellones de la Serpentine, ahora perteneciente a Usha and Lakshmi N. Mittal. Sus piezas serán transportadas y recompuestas, tal vez, en alguna de las propiedades que forman parte de su cartera inmobiliaria personal.

La propuesta de este año pretendía alejarse del carácter de "objeto" que caracterizó a las de ediciones anteriores y, a la vez, establecer un diálogo con ellas. "Tomando un enfoque arqueológico," explicaba el comunicado de prensa, "los arquitectos han creado un diseño que inspira a los visitantes a mirar hacia atrás en el tiempo a través de los fantasmas de las estructuras previas." La idea de excavar en busca de la historia de estas arquitecturas resultaba tan fascinante como paradójica; mientras frente a la Serpentine Gallery se invocaban sus espíritus, lejos de ahí, los 11 pabellones disfrutaban de una segunda vida bajo nuevas identidades.

Las arquitecturas producidas por la Serpentine Gallery se venden. No hay presupuesto asignado para el encargo, sino que se financia a través de patrocinios y de la venta de la obra terminada que, según los organizadores, no cubre más del 40% de los costes. De acuerdo al inventario oficial, la mayoría de los pabellones han sido adquiridos por coleccionistas que prefieren permanecer en el anonimato. Este año, por vez primera, el nombre de los compradores se ha anunciado públicamente.
Principal: <em>Music Pavillion</em> de Frank O. Gehry para la Serpentine Gallery 2008 en Château La Coste, Francia. Foto: © 2012 Château La Coste y Frank O. Gehry; Arriba: <em>Music Pavillion</em> de Frank O. Gehry para la Serpentine Gallery 2008 en Château La Coste, Francia. Foto: © Marina Otero Verzier
Principal: Music Pavillion de Frank O. Gehry para la Serpentine Gallery 2008 en Château La Coste, Francia. Foto: © 2012 Château La Coste y Frank O. Gehry; Arriba: Music Pavillion de Frank O. Gehry para la Serpentine Gallery 2008 en Château La Coste, Francia. Foto: © Marina Otero Verzier
"¿ Y, podrías repetirme sobre qué estas escribiendo?," pregunta Sophie.
"Sobre la segunda vida de los pabellones," contesto.

Había comenzado por el primero de la lista, el diseñado por Zaha Hadid en 2000, destinado a albergar una cena de recaudación de fondos para celebrar el 30 aniversario de la galería. La estructura iba a durar una semana pero despertó tanto interés que estuvo en pie durante tres meses. Entonces, el pabellón fue comprado por la Royal Shakespeare Company y vuelto a montar en el aparcamiento de Stratford-upon-Avon en 2001; rebautizado como "Summer House," servía como reclamo para atraer público hacia el teatro. Según la información proporcionada por la Serpentine Gallery, al finalizar el verano el pabellón fue desmantelado.
El pabellón de 2001 <em>Eighteen Turns</em> de Daniel Libeskind en Cork, Irlanda. Foto: © <a href="http://www.0lll.com/" target="_blank">Ludwig Abache</a>
El pabellón de 2001 Eighteen Turns de Daniel Libeskind en Cork, Irlanda. Foto: © Ludwig Abache
El siguiente, Eighteen Turns, diseñado por Daniel Libeskind en 2001, reapareció cuatro años después, cuando fue cedido por su misterioso (y desconocido) propietario, y transportado hasta Irlanda con motivo de la celebración de la Capital Europea de la Cultura en Cork. Ahí fue presentado, entre políticos, promotores inmobiliarios y planificadores, como un "icono de Cork contemporáneo, así como una expresión de las posibilidades creativas de arquitectura para el futuro de la ciudad," especialmente para el —entonces inminente— desarrollo urbanístico de su zona portuaria. Tras los servicios prestados, "Eighteen Turns" regresó al anonimato.

La adquisición del pabellón diseñado por Toyo Ito en 2002 por el magnate Victor Hwang y su compañía Parkview Internacional recibió una amplia cobertura mediática. Funcionó como centro de visitantes y estandarte de una de tantas propuestas para la reconversión de la Central de Battersea en Londres, para más tarde ser transportado por carretera hasta Le Beauvallon, un hotel (también propiedad de Hwang) localizado a unos minutos de Saint-Tropez y que quiere convertirse en destino del turismo más exclusivo. Con el asesoramiento de Cecil Balmond, la estructura se ha re-ensamblado y adaptado para ocupar un lugar privilegiado dentro del club privado, en primera línea de playa.
Las trayectorias que describen estas arquitecturas viajeras muestran, además, la relación entre capital financiero, capital cultural y especulación inmobiliaria, y construyen a una serie de territorios turísticos-culturales en los que el desarrollo inmobiliario y el cultural colisionan por mediación del capital simbólico de la arquitectura.
El pabellón de 2001 <em>Eighteen Turns</em> de Daniel Libeskind en Cork, Irlanda. Foto: © Peter Bailey
El pabellón de 2001 Eighteen Turns de Daniel Libeskind en Cork, Irlanda. Foto: © Peter Bailey
Sorprendentemente, y a pesar de los pabellones de la Serpentine están obligados a ser la primera obra que sus diseñadores construyen en Reino Unido, la de Ito no es la única de estas obras que disfruta de su retiro en el sur de Francia. Tampoco es la primera que ha permitido a sus dueños hacer confluir su interés en la inversión en bienes raíces y el coleccionismo de arquitectura de autor. A pocos kilómetros de Le Beauvallon, ha ido a parar el de 2008, diseñado por Gehry. Fue comprado por el promotor irlandés Patrick McKillen y reconstruido en Château la Coste, un viñedo que se ha reposicionado en el mercado y revalorizado al hacer convivir las vides con una colección de obras firmadas por Nouvel, Ando, Serra y Bourgeois, entre otros. Ahí, el Music Pavilion continua a la espera de encontrar algún uso que le aporte un valor adicional al meramente expositivo.
El pabellón de Toyo Ito para la Serpentine Gallery en Battersea Power Station, Londres. Foto: © <a href="http://www.flickr.com/photos/fleshmeatdoll/2907567060/" target="_blank">Thomas Volstorf</a>
El pabellón de Toyo Ito para la Serpentine Gallery en Battersea Power Station, Londres. Foto: © Thomas Volstorf
"Cuántos de ellos has visitado hasta ahora?," pregunta Sophie.

Château la Coste era sólo una de las paradas del viaje que había comenzado semanas antes, en un tren nocturno que partía de Londres. Diez horas después llegaba a un parque de atracciones localizado en Inglaterra. Ahí se encuentra, un poco mas sucia, forrada de lona gris e ignorada por los medios culturales y de comunicación —seguramente también por sus autores— una de las primeras obras de la ganadora del Pritzker 2004: el pabellón de la Serpentine diseñado por Zaha Hadid. Mientras, sus restos y subproductos continúan alimentando las publicaciones, exposiciones y textos de arquitectura. Puede que a eso se refieran al darlo por "desmantelado", poniendo en evidencia que abandonar el circuito de la élite cultural-intelectual es, para algunos, motivo suficiente para cuestionar el valor y la autoría de una obra de arquitectura.
El pabellón de Toyo Ito para la Serpentine Gallery en Battersea Power Station, Londres. Foto: © thegoatisbad
El pabellón de Toyo Ito para la Serpentine Gallery en Battersea Power Station, Londres. Foto: © thegoatisbad
Precisamente, es a través de los territorios donde circulan y se acumulan los pabellones de la Serpentine Gallery como se desvela el funcionamiento de una de las máquinas más eficientes para la producción, reproducción y consumo de arquitectura de autor. Las trayectorias que describen estas arquitecturas viajeras muestran, además, la relación entre capital financiero, capital cultural y especulación inmobiliaria, y construyen a una serie de territorios turísticos-culturales en los que el desarrollo inmobiliario y el cultural colisionan por mediación del capital simbólico de la arquitectura.

El pabellón de Hadid no sólo sobrevivió, sino que fue, además, dotado de equipo audiovisual, iluminación y calefacción, y se ofrece en alquiler para celebrar bodas, fiestas o conciertos por £950 al día. No forma parte de ninguna colección de arte, ni aspira a ser referencia de futuros desarrollos urbanísticos pero es, probablemente, el más activo de los pabellones ex-Serpentine. Y es que, en el parque de atracciones, su valor de uso aún prevalece sobre su valor expositivo. Aquellos que, a pesar de todo, quieran visitarlo están avisados, ahora sólo responde a un nombre: Sala Kingsford. Marina Otero Verzier (@marina_ov)
El pabellón de Zaha Hadid para la Serpentine Gallery 2000 en Kingsford venue. Foto: © Marina Otero Verzier
El pabellón de Zaha Hadid para la Serpentine Gallery 2000 en Kingsford venue. Foto: © Marina Otero Verzier
El pabellón de Zaha Hadid para la Serpentine Gallery 2000 en Kingsford venue. Foto: © Marina Otero Verzier
El pabellón de Zaha Hadid para la Serpentine Gallery 2000 en Kingsford venue. Foto: © Marina Otero Verzier

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