Este artículo se publicó en la versión impresa de Domus México 01, Junio/Julio 2012
En un momento en que la información digital reemplaza casi cualquier tipo de documento impreso, los iPhones, iPads, Kindles y demás dispositivos móviles se volvieron libros. Es difícil imaginar el concepto de una biblioteca móvil sin pensar de inmediato en la posibilidad de descargar sus volúmenes de la red. Para muchas personas resultaría anacrónico seguir considerando que la biblioteca puede ser una tipología arquitectónica relevante, frente al vuelco digital que ha cambiado las maneras de aproximación a la información y a los objetos, transformando industrias completas como la del video, la música y la imprenta.
A diferencia de esta noción del libro electrónico y las colecciones digitales, la biblioteca móvil A47 va a contracorriente. Apuesta por la materialidad del libro impreso y por todo un programa cultural que lo respalda. A través de un camión que carga más de 1200 volúmenes de arte y cultura visual, la A47 circula entre las calles de la Ciudad de México para compartir sus contenidos con los habitantes de distintos barrios del Distrito Federal.
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A través de un camión que carga más de 1200 volúmenes de arte y cultura visual, la A47 circula las calles de la Ciudad de México para compartir sus contenidos con los habitantes de distintos barrios del Distrito Federal.
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- María García Holley
- 09 agosto 2012
- Ciudad de México
La Biblioteca Móvil A47 es un proyecto de la fundación Alumnos47, organización civil que congrega comunidades de aprendizaje en torno a las prácticas artísticas contemporáneas y la cultura visual. Teniendo como gran proyecto de la fundación la construcción de una biblioteca de arte contemporáneo para consulta pública hacia el 2014, pareció razonable que, mientras se completa su edificio, pudiera activarse su acervo existente a través de un componente móvil.
El diseño del dispositivo se convirtió entonces en un verdadero reto. ¿Cómo hacer que algo tan ajeno a la producción arquitectónica como un camión de carga se transformara no sólo en una biblioteca, sino más bien un soporte capaz de amortizar todo un espectro de actividades culturales? Es aquí donde la idea arcaica de construir bibliotecas retoma su contemporaneidad. Bajo esta premisa, sobre el camión Freightliner M2 20K y en una superficie de 20m2, el despacho mexicano de arquitectura Productora logró diseñar un centro cultural; un edificio que viaja.
El camión funciona, antes que nada, como colección itinerante de libros de arte contemporáneo. Sin embargo, más allá de este uso, los 20m2 de superficie son llevados a su máxima capacidad para lograr una verdadera funcionalidad de espacio. Los libreros dejaron su forma tradicional para volverse charolas desmontables que flotan por encima de los usuarios, rematando visualmente el espacio interior. La planta libre se vuelve una plataforma flexible, transparente y directamente relacionada al contexto urbano y social. El camión se transforma en un foro que permite la adaptación y configuración de un sinnúmero de actividades: presentaciones de libros, cine club, poesía en voz alta, talleres y consulta del acervo bibliográfico.
El piso del camión está compuesto por una serie de plataformas móviles que controlan el acceso a los libreros y posibilitan la configuración del espacio de acuerdo a diferentes actividades. La envolvente de lámina microperforada establece una membrana permeable en donde el exterior se fusiona con el interior, haciendo del espacio un ejercicio de honestidad con el contexto. Desde la calle, la percepción de la filigrana transparente que suspende al gran volumen sólido permite entrever la diversidad de los títulos, además de funcionar como faro urbano por la noche. La iluminación —producida por una planta de luz integrada al camión— conforta la calle cuando obscurece, activando así su programa nocturno.
¿Cómo hacer que algo tan ajeno a la producción arquitectónica como un camión de carga se transformara no sólo en una biblioteca, sino más bien un soporte capaz de amortizar todo un espectro de actividades culturales?
Entre nombres como Lola Álvarez Bravo, Paul Strand, Roland Barthes, o Laurie Anderson se desarrollan los talleres que dan sentido al dispositivo contemporáneo. Para los niños hay cuentos y dibujo; para los adultos historiografía e historia oral de la colonia. La plataforma en altura de la A47 permite que el usuario se apropie de la biblioteca de la misma manera que un actor del escenario.
Es en esta apuesta por los nuevos usos que los usuarios experimentamos el cambio en la noción de biblioteca: lejos de ser un archivo inerte, es un organismo vivo que permite nuevas configuraciones que hacen de la imaginación una memoria colectiva. Un camión que se vale de cuanto cambio haya en la ciudad para crear su escenografía. Un insecto mecánico que cuando cae la noche tiene la capacidad de meter sus patas, guardar las historias y seguir rodando. María García Holley (@mariaholley)