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Adiós a Pedro Ramírez Vázquez

El arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez (16 de abril 1919 – 16 de abril 2013) consideró a la arquitectura como una de las tareas prioritarias del México contemporáneo, pues la disciplina lleva la responsabilidad de crear los espacios que requiere el mexicano para vivir.

 

Arquitectura / María García Holley

“Quien es consciente de que el cambio es la esencia de la vida, está preparado para incorporarse día a día a esta dinámica. El futuro llega a cada momento y si no estamos actualizados en nuestra preparación y nuestras decisiones, resultaríamos todos los días hombres de ayer.” — Pedro Ramírez Vázquez [1]

 

 

Desde 1942 que impartió junto con José Luis Cuevas la cátedra de diseño y urbanismo en la Escuela Nacional de Arquitectura, Pedro Ramírez Vázquez (16 de abril 1919 – 16 de abril 2013) tenía ya una idea muy definida acerca del papel de la arquitectura en la sociedad como herramienta para la transformación. Para Ramírez Vázquez, los espacios tenían que estar diseñados con una visión no individual, sino colectiva, pues sólo de esa manera se lograría una mejor integración en el diseño de la ciudad, y por lo tanto, de la sociedad. Decía el arquitecto que la importancia de su práctica residía en saber traducir las condiciones históricas y ambientales del contexto a las características formales de las obras.

Archivo personal de Pedro Ramírez Vázquez publicado en Domus México 04. Foto: Eunice Adorno (Noviembre 2012)

El respeto a estas particularidades más la impronta de una cultura globalizada en donde las técnicas alcanzaban estándares mundiales logró para Ramírez Vázquez el justo medio entre una arquitectura honesta con el contexto y la tradición y a su vez posicionada en un importante panorama contemporáneo; es decir, sabía dialogar entre una arquitectura verdaderamente mexicana y una verdaderamente contemporánea. Sus edificios son resultado de ello: obras congruentes en el espacio y en el tiempo. Soluciones inmediatas para un país en desarrollo, consecuentes de las etapas de progreso económico y social. Pedro Ramírez Vázquez consideró a la arquitectura como una de las tareas prioritarias del México contemporáneo, pues la disciplina lleva la responsabilidad de crear los espacios que requiere el mexicano para vivir.

Archivo personal de Pedro Ramírez Vázquez publicado en Domus México 04. Foto: Eunice Adorno (Noviembre 2012)

El compromiso con su trabajo y su país hizo que Pedro Ramírez Vázquez fuera además un hombre de gobierno. Después de trabajar como jefe de del departamento de conservación de edificios de la SEP fue fundador y director de la Unidad Artística Cultural del Bosque de Chapultepec en donde las actividades congregadas en el centro propiciaron un auge cultural en el país. Después del centro cultural y posteriormente, el aula rural, el trabajo de Pedro Ramírez Vázquez sin duda se tornó más hacia el de un orquestador que el de un arquitecto. Su arquitectura y diseño se sumergió por completo en un discurso nacionalista del gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) cuando el PRI se encontraba justo en sus años de bonanza económica y donde el crecimiento pujante situaba a la arquitectura como evidencia de progreso. Las obras de Ramírez Vázquez se inscribían dentro de los programas gubernamentales de modernización que tenían unos parámetros muy delimitados y precisos; un ejemplo fue el programa integral de museos –donde años más tarde participaría con seis museos– ideado por el maestro Jaime Torres Bodet mientras fue Secretario de Educación Pública. Su cercanía con figuras de la política lo situaron dentro de una serie de condiciones excepcionales. De la mano de Presidentes, secretarios de Estado, directores de empresas, Ramírez Vázquez supo potencializar el momento que vivía México a través de una profesión que tenía como objetivo modernizar la imagen del país.

Archivo personal de Pedro Ramírez Vázquez publicado en Domus México 04. Foto: Eunice Adorno (Noviembre 2012)

“A mi manera de pensar, la arquitectura tiene como misión dar forma a los espacios en que se desarrolla la vida del hombre, rigiéndose tanto por la época como por el resto de los valores estéticos tradicionales. Los futuros arquitectos deben tener presente que todos los espacios en que vive el hombre, íntimos o externos, para tener valor arquitectónico o urbanístico, deben estar integrados a los mismo valores; lo útil, lo lógico, lo estético y lo social; esto último como característica esencial, pues su enfoque es forzosamente así ya que no se limita a un problema individual sino colectivo” [2]

Archivo personal de Pedro Ramírez Vázquez publicado en Domus México 04. Foto: Eunice Adorno (Noviembre 2012)

Más que un arquitecto, un diseñador en toda la extensión de la palabra. Pedro Ramírez Vázquez diseñó edificios, eventos, gráficas, procesos, y maneras de hacer las cosas. Fue de los primeros hombres en apostar por la producción masiva de edificios prefabricados, aventurándose por soluciones participativas en donde el diseño lejos de ser un privilegio estético fuera una obligación funcional. La misma mentalidad desarrolló en sus puestos públicos, siguiendo con el impulso al crecimiento urbano que ha transformado la historia del país. Comprometido con el diseño y el desarrollo, el diseñador Pedro Ramírez Vázquez fue sin duda un personaje clave en la formación del México actual. María García Holley (@mariaholley)

Archivo personal de Pedro Ramírez Vázquez publicado en Domus México 04. Foto: Eunice Adorno (Noviembre 2012)

Domus México publicó en su número 04 una visita al archivo personal del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez. Una entrevista con Javier Ramírez Campuzano ilustrada con fotografías de Eunice Adorno.

Archivo personal de Pedro Ramírez Vázquez publicado en Domus México 04. Foto: Eunice Adorno (Noviembre 2012)

NOTAS

1. Ramírez Vázquez, Pedro en La arquitectura como disciplina de servicio, Cátedra Extraordinaria Federico Mariscal, (México: Facultad de Arquitectura, UNAM, 1989) p. 14

2. Ramírez Vázquez, Pedro, en Pedro Ramírez Vázquez un Arquitecto Mexicano, realización de Beatriz Trueblood (México: Karl Krämer Verlag Stuttgart, 1979) p. 13